El opio de los viejos y la nueva Sirenita

Quizás la penetración/asimilación del discurso político estadounidense ha llegado púnto álgido, o quizás se trata de la transformación de cierto conjunto de personas en antenas repetidoras de las peores taras sociales en el marco de la polarización política del mundo actual, pero parece haber un discurso en auge en el que se discute con una vehemencia que impresiona. En los espacios dedicados a la arena de la opinión, que suelen ser las redes sociales, muchos hacen suyo ese discurso y debaten sobre lo que tiene o no qué hacer Disney con sus propios productos, como si fuera una pulsión irracional, como si las decisiones de este monstruoso conglomerado de marcas impactaran en nuestras vidas negativamente solo por cambiar el color de piel de La Sirenita (era blanca, ahora no). Pero lo curioso es el estilo de argumentación, a veces tenemos la impresión de que trataramos temas bélicos en medio de la Guerra Fría. Curioso marketing político el de 2019: nacionalismo, el opio de los viejos.

Actualizaciones vs. versiones

La ópera y el teatro creo que hace años son ajenas a tan vergonzosas diatribas o afortunadamente no lo viví (al menos no conscientemente). He visto cantantes y actores de todo tipo de orígenes y colores de piel interpretando cualquier personaje clásico sin que eso suponga que nadie salga indignado de la sala, por ejemplo, este verano, una Fantine (en el musical de Los Miserables) de piel morena en Londres. Fantástica.

Entiendo que los propagadores-repetidores de todo este discurso son, sobre todo, neoconservadores (en mi caso, del mundo hispanoamericano) encendidos en contra de todo lo que huela a agenda del partido demócrata de Estados Unidos, y he aquí la ironía, a menos que todos vivieran allí podría justificarse, pero no es el caso en absoluto. Es más, parece tan absurdo que toda esta gente se oponga de forma irracional a cualquier reivindicación social, sexual, étnica, que puede que ni siquiera vale la pena hablar de ello.

En fin, ¿qué hace que ahora, de repente, a todos les indigna lo que haga o no una sirenita “afroamericana”? ¿será que no hay cosas más importantes en el mundo de las que hablar? ¿qué importa el color de piel si Disney nunca ha sido fiel a la versión original, sino una “americanización”? El debate podría ser otro.

Simulacros

Es decir, estamos hablando de Disney, no de un ideario racial-nacionalista. Una vía de argumentación ha sido la fidelidad a la versión original (a la que acabo de referirme), diciendo que era danesa (como si el mar en un cuento de hadas perteneciera a los constructos nacionales que se han impuesto en la tierra), que, al mismo tiempo, al darse cuenta de su contradicción intercambian por la excusa de que estaban habituados a la versión que para ellos es la standard (la de Disney en la década de los 90). Quizás estamos finalmente ante la defensa de una versión normalizada que ha perdido el referente, (a lo simulacro de Baudrillard), ¿Por qué no permiten entonces hacer una versión adaptada a 2019, olvidando un referente que, al fin y al cabo, siempre fue una versión? ¿Demasiado reciente? En el mejor de los casos, creo que se trata de una colisión (¿o una fusión?) entre la ola retro-melancólica y el discurso político. De esto daría bastante de qué hablar y lo convertiría en un tema interesante. En el siglo XXI, las operas, las obras de Shakespeare y la propia historia de Estados Unidos se ha venido representando sin tener en cuenta ningún elemento racial, o, por el contrario, se ha usado para subvertir el orden, crear un impacto no excento de una visión política, por supuesto (Hamilton, el musical, por ejemplo). Que lo haga Disney en su nuevo remake no significa ninguna desacralización, en la mente conservadora, para sagrada la historia.

Como evidencia de un momento diferente, estrenado hace apenas 4 años (en la administración Obama ¿casualidad?) les dejo la maravilla de Hamilton (amado y odiado). (Cuidado: incluye a George Washington negro)

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