Música sin prejuicios

Existen impresiones que se quedan en nuestra mente, sensaciones, deseos de que lo inexplicable se nos presente por un momento ante nosotros, de modo que podamos sentir el efecto de la vida. Cuando lo hacemos, después de cierto tiempo, se nos hace necesario repetirlo. Existen momentos de este tipo muy concretos de nuestra existencia que han sido generados por la música, uno de los medios más efectivos para llegar a este estado. ¿Por qué? ¿Qué sensibilidad ancestral une el pasado, el presente y el futuro durante una pieza musical? ¿Qué parte de nuestra genética está previamente estructurada para sentir y entender la música como algo que nos sitúa -al menos imaginariamente- más allá de nuestros sentidos? Si nos hacemos adictos a este vicio, nos convertimos en investigadores, nos lanzamos a una búsqueda incansable cuyas técnicas desarrollamos a lo largo de nuestras vidas y que acaban teniendo diferentes formas, tantas como personas existen, pues este hilo que enlaza todo lo consciente y lo inconsciente, tiene una manera de proceder en cada uno de nosotros, de viajar a universos paralelos. ¿Será posible encontrar seres compatibles con las mismas visiones en ese otro plano?

El tema es que no todo el mundo está dispuesto dejarse raptar por el poder de la música, entre las piezas que conforman la mente y la vida de cada uno pueden haber decenas de capas de prejuicios que tamizan, distorsionan y finalmente destrozan la percepción, logrando que prevalezcan cientos de ideas impuestas que acaban barriendo la belleza (o enmascarándola). ¿Romanticismo banal? ¿Sociología? ¿Psicología? ¿Política? Todo esto puede filtrarse en la música. Depende del punto de vista y también de la voluntad, tanto del artísta como del receptor. Para un intérprete puede que sea mero trabajo, para los espectadores, experiencia del hogar, aún así, para ambos puede llegar a ser verdad tangible, siempre que haya disposición de mirar más allá del velo.

Esta sensación es una búsqueda incansable, en lo personal, tiene un componente fraternal, sin poder compartirla, la música se me hace incompleta. Es un universo alternativo de sensorialidad que permite ver el cuadro entero de lo que puede llegar a ser la vida, quizás se trata de algo prehistórico común grabado en nuestra humanidad.

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